¡Hola hola! ¿Cómo andás? ¿En qué anduviste estos días?
Yo te escribo desde una especie de limbo vacacional en el que estoy medio de vacaciones del estudio, pero no tanto del arte, porque… ¿viste cómo es esto, no? Podés sacar a la persona del estudio, pero no podés sacar el estudio de la persona (sobre todo si esa persona soy yo y el estudio es ART In Caps).
Así que estos días estoy en modo slow, paseando bastante, visitando muestras, pero sobre todo tratando (de verdad, lo juro) de bajar un cambio y reconectar un poco con la sensación de estar en pausa. No sé vos, pero a mí las vacaciones siempre me generan cierta culpa rara, como si desconectarme del trabajo también significara desconectarme de lo que amo. Entonces hago lo que mejor sé hacer: aprovecho la pausa para explorar el circuito porteño sin agenda fija, sin compromisos, simplemente siguiendo el instinto (y también alguna que otra recomendación de amigos).
Una nueva aventura con equipo de lujo
Entre paseo y paseo, se cocinó una novedad que me tiene muy entusiasmada: con los talentosísimos Juan Batalla, Vanesa Catellani y Rosario Bernasconi —a quienes quizás recuerdes de las aventuras en Corrientes durante ArteCo— formamos una nueva productora cultural: Arte Conectados.
Sí, así como lo leés. Gente con la que da gusto trabajar, pensar, imaginar y accionar. Juan es un referente clave en el periodismo cultural; Rosario, una editora brillante y generosa, con un pulso afinadísimo para la cultura; y Vanesa, con su sensibilidad curatorial y enorme trayectoria institucional, es una potencia creativa en todo sentido. Imaginate lo que puede salir de este cruce.
Nos une una idea simple pero poderosa: hacer proyectos con profundidad, belleza, impacto y sentido. Crear desde lo que amamos, y con la gente que admiramos.
Así que si estás buscando un equipo para producir, curar, programar, escribir o comunicar un proyecto cultural con mirada contemporánea y oficio, escribinos.
Nos podés contratar para desarrollar propuestas desde cero o sumarnos a iniciativas en marcha. Nos entusiasman los desafíos que cruzan gestión, arte y pensamiento. Y sí, trabajamos en serio (pero con alegría).
Y si simplemente querés seguir de cerca lo que se viene, podés encontrarnos en redes (estamos armando todo con mucho mimo, ya te vas a enterar cuando esté listo).
Este es apenas el comienzo. Pero, como siempre, lo que empieza bien acompañado, empieza mejor.
Paseo porteño sin GPS
Estos días de “semi-pausa” me llevaron por distintos rincones de la ciudad, casi como en una deriva controlada. Sin buscar demasiado, pero atenta a lo que el viento (o Instagram) me susurraba.
Pasé por Biga, para ver Lo que empuja el viento, una muestra curada por Laura Casanovas que reúne obras de Claudia Aranovich, Julieta Anaut, Fabiana Barreda, Mariana Belloto y Ariela Naftal. Hay una vibración entre lo orgánico y lo simbólico, entre el deseo y lo etéreo, que deja huella. El título funciona como una clave para leer esas piezas que parecen desplazarse o resistir una fuerza que no vemos pero sentimos.
También me di una vuelta el Palacio Duhau, donde se presenta la nueva muestra de Roger Mantegani. Sabía que me iba a gustar, pero no sabía que me iba a quedar tan hipnotizada por las texturas y la forma en que lo pictórico parece levitar en ese espacio. Hay algo en la contención formal y el desborde sensorial que se balancea justo al borde —de lo racional, de lo espiritual, de la carbonilla. Si andás por Recoleta, no te la pierdas.
Y, por supuesto, pasé por UGalley para visitar Entre dos aguas, una de esas muestras donde lo matérico y lo conceptual se encuentran a media corriente. Ya escribí sobre esta propuesta, así que si todavía no leíste la reseña, te invito a que te sumerjas con calma.
(Decime si no es hermoso cuando una muestra te deja la sensación de que algo sigue latiendo incluso cuando ya saliste de sala.)
Y antes de que se me pase (porque a veces la emoción se olvida en borrador): también fui a la inauguración de Montaña Insonme, la muestra de Jimena Travaglio en Fundación El Mirador. Sus tapices de cuentas de cristal me resultaron familiares desde el primer vistazo: me llevaron directo a las placas de circuito que miraba durante mi época de estudiante de electrónica. Ver esas tramas, esos verdes y fucsias, convertidos en textiles luminosos, me activó algo que estaba —aparentemente— dormido en la memoria visual.
La curaduría habla de una montaña que guarda datos, que imagina máquinas que se preguntan por su propia existencia. Pero para mí, además, hay algo de traducción afectiva en esas obras: como si cada puntada reconstruyera un código antiguo, uno que mezcla tecnología, paciencia y sensibilidad.
Travaglio teje interfaces. Y en ese tejer, levanta búnkers, reverbera algoritmos y —como toda buena artista— hace preguntas sin respuesta inmediata. Si todavía no la viste, agendala. Es una de esas muestras que no se terminan en sala.
Convocatoria abierta: XIV Bienal de Arte Sacro
Entre tanto andar y mirar, también hay noticias para quienes están del otro lado del montaje, preparando obra, pensando proyectos, buscando espacios donde decir algo desde el arte.
Ya está abierta la convocatoria para participar de la XIV Bienal de Arte Sacro, una de esas plataformas que, desde hace años, sostiene la posibilidad de pensar lo espiritual desde el arte contemporáneo —no como dogma, sino como pregunta abierta.
La convocatoria está dirigida a artistas visuales de todo el país. Se puede presentar obra ya realizada o proyectos, y hay tiempo para postular hasta el 25 de octubre. Si sentís que tu trabajo dialoga con lo simbólico, lo trascendente, lo ritual o lo invisible (sin necesidad de encasillarse en ninguna creencia), puede ser una gran oportunidad para darle lugar a esas obras que a veces no encuentran fácilmente dónde anidar.
“Todos los cuerpos, el cuerpo”
Si tuviera que quedarme con una sola muestra de las últimas semanas, sería esta. Todos los cuerpos, el cuerpo, del colectivo Borde Cero, en Almacén de Arte, me sacudió desde la instalación misma.
Hay algo en la forma en que trabajan el espacio —como si fuera un cuerpo más— que me pareció profundamente honesto, intenso y cuidado. No es fácil montar una propuesta colectiva donde cada obra dialogue sin aplastar a las demás, y acá lo logran. Hay tensión, hay calor, hay deseo. Hay también una pregunta permanente sobre cómo se representa un cuerpo cuando ya no se trata solo de piel, hueso y órgano, sino de memoria, voz, y resistencia.
Este colectivo trae una mirada interesantísima sobre lo sensible como lugar político, y vale mucho la pena seguirles la pista.
Si todavía no leíste la reseña que escribí sobre esta muestra, te invito a que lo hagas ya mismo.
(Spoiler: hay una extraña sensación de estar adentro de un organismo que todavía no tiene forma.)
Adieu! Bye bye! Auf wiedersehen!
Hasta acá mi recorrido de estas semanas: un poco en modo vacaciones, un poco en modo radar artístico siempre encendido.
¿Y vos? ¿Qué viste últimamente que te haya sacudido o conmovido? ¿Qué muestra te dieron ganas de salir recomendando apenas saliste de la sala?
¿Tenés alguna movida artística en marcha, estás armando algo, exponiendo, escribiendo, pensando?
Contame, leéste, recomendá. Este espacio también es para eso: para hacer circular lo que nos moviliza.
Como siempre, podés escribirme a hola@artincaps.com o mandándome una señal por redes. Me encanta cuando esta captura se transforma en conversación.
Nos leemos pronto,
con la pausa justa y la energía necesaria para seguir caminando el misterio.
Abrazo,
Julieta






